La central eléctrica

La central de Montemartini fue la primera central pública de Roma, construida en el principio del siglo XX en la Via Ostiense entre los Mercados Generales y la costa izquierda del Tíber.

La historia de esta empresa coincide con la de la Empresa Eléctrica Municipal, hoy Acea, fundada en 1909, después de un referéndum donde los ciudadanos de Roma dieron la autorización para la municipalización de los servicios públicos.

La central fue inaugurada en 1912 por el alcalde Ernesto Nathan (1845-1921) y nombrada al año siguiente en memoria del Asesor de Tecnología, el Profesor Giovanni Montemartini, que murió durante una sesión del Consejo Municipal.

El terreno que se eligió por la construcción de la central se encuentra en la tierra entre la Via Ostiense y las orillas del Tíber, por lo que es apto para un suministro continuo de agua, necesaria para el funcionamiento de las máquinas. También era fácilmente accesible por tren y por carretera y estaba situado fuera de las murallas de la ciudad y, por lo tanto, no estaba sujeta a las contribuciones sobre el carburante.

En el interior, se encuentran las turbinas de vapor ( que no estaban contempladas en el proyecto original) con sus maquinas y motores diesel, todos suministrados por Franco Tosi di Legnano. El sistema de producción mixto permitió una adecuada respuesta a las diferentes necesidades de la necesidad de consumo eléctrico de la ciudad: las turbinas garantizaron un servicio continuo; los motores diesel se accionaban en los momentos de máximo consumo.

A principios de los años 30 la sala de máquinas fue completamente modernizada; el 21 de abril de 1933 se abrieron dos nuevos y colosales motores diesel Tosi de 7500 Hp, que substituyeron a los antiguos de menor potencia.

Al final de los años 30 se iniciaron nuevas obras en el patio: se estaba preparando la Exposición Universal de Roma en 1942, por lo que era necesario atender el consumo de electricidad del área de exposición que se estaba construyendo al sur de la capital. Por lo tanto, se decidió instalar una nueva turbina de vapor capaz de desarrollar una potencia de 20.000 kW, equipada con dos maquinas Tosi-Steinmüller a 45 atm, para lo cual fue necesario construir una nueva sala de calderas en el lugar de la sala de máquinas No. 1.

Durante la guerra la central sobrevivió a los ataques de los aliados y fue la única con la que la ciudad pudo contar en el período inmediatamente posterior a la liberación.

No siendo más productiva y económicamente utilizable, la central fue abandonada a mediados de la década de 1960. Algunas partes del complejo fueron utilizadas como depósitos, otros fueron abandonados. También se avanzó la hipótesis de una demolición completa. Oportunamente, al final de los años 80, la dirección de la ACEA decidió empiezar una completa renovación de la central histórica: la sala de máquinas y la nueva sala de máquinas, con sus salas inferiores, se transformaron en un centro de arte y multimedia, mientras que las salas restantes se convirtieron en oficinas, laboratorios y depósitos.